Mossa(d) que els collons em fan bossa

Los primeros espías documentados de la Historia aparecen en la Biblia y son tres: dos agentes secretos israelitas infiltrados en Jericó y una fulana local.

El Libro de Josué cuenta que el caudillo hebreo envió a dos espías a Jericó. Los rudos nómadas, tras una vida rodando por el desierto, debieron quedar deslumbrados por los atractivos de la ciudad más antigua del mundo. Lo primero que hicieron fue irse a un prostíbulo. Se entendieron bien con la prostituta Rahab y la incorporaron a la red. Si fue por dinero, o por la virilidad de los jóvenes israelitas, eso no lo explica la Biblia.

El contraespionaje de Jericó detectó la presencia de los infiltrados y fue a detenerlos a la casa de citas, pero Rahab los escondió en la azotea y dijo que ya se habían ido.

Una de las razones para reclutar a Rahab es que su local estaba adosado a la muralla. Por la noche, los espías pudieron descolgarse desde una ventana y huir. Previamente establecieron un proacuerdo con la prostituta y le dieron una clave. Le entregaron un hilo escarlata que debía colocar en la ventana. Cuando Josué tomó Jericó y pasó a cuchillo a toda la población, únicamente respetó a quienes estaban en la casa del hilo rojo, la ramera y su familia.

La Biblia dice que Rahab “permaneció en medio de Israel” el resto de su vida. Así se sentó la práctica de dar asilo a los extranjeros que sirven como espías cuando son descubiertos y que tanto se practicó en la Guerra Fría.

Mossad

Tres mil años después, las cosas no habían cambiado mucho; el Mossad seguía utilizando el sexo de las mujeres. Cuando en 1986 Israel quiso secuestrar en Londres a un científico nuclear judío que había revelado secretos, mandó a una chica fácil, que con su oferta sexual hizo caer en una trampa a Mordechai Vanunu.

Vanunu trabajaba en el Centro de Investigación Nuclear de Dimona, y entró en una grave crisis de conciencia cuando descubrió que estaban fabricando bombas atómicas. Abandonó su trabajo y el país y se fue a Nepal, buscando la paz en el budismo. Luego se trasladó a Australia, donde en su crisis moral abandonó el judaísmo para hacerse cristiano.

Allí conoció a un periodista del Sunday Times de Londres, que se dio cuenta de que era una mina informativa. El periodista se lo llevó a Londres, y reveló en su periódico el secreto de la bomba atómica israelí, incluidas fotos del Centro de Dimona que tenía Vanunu.

El Mossad recibió orden de cazar a Vanunu como fuera, y recurrió al procedimiento más antiguo del mundo: Cindy.

Cindy era el alias de una chica bien judía americana, Cheryl Hanin, que había ido a Israel llevada de su ideal sionista. En Israel se enamoró de un hombre que resultó ser agente del Mossad. Por vía de matrimonio, la chica ingresó en el espionaje israelí; como tenía buen palmito y ninguna otra calificación especial, fue entrenada en operaciones de seducción de incautos. Y con Vanunu le llegó su gran oportunidad.

Trampa

Cheryl/Cindy ligó con Vanunu en Trafalgar Square, un polo del turismo en Londres. Ella se hacía la turista americana tonta que se deja meter mano. Vanunu pasó una semana de vértigo con aquella mujer estupenda de 25 años. El ardor sexual le había nublado la vista.

Su amigo el periodista, en cambio, en cuanto Vanunu le contó su espectacular ligue dijo: “¡Cuidado, ésa es del Mossad!”. El primo no se lo podía creer, como les pasa a todos los timados; quedaron en que llevaría a Cindy a que la conociese al periodista, pero en cuanto Vanunu se lo propuso, ella dijo que se tenía que marchar urgentemente a Roma.

Estaba el pobre Vanunu hecho polvo porque se le iba el plan, cuando ella pro puso “¿por qué no te vienes a Roma?”. ¡Qué suerte tenía con las mujeres! Iba a ser muy romántico, Italia con Cindy…

Pero antes de que pudiesen disfrutar del chianti y del Oh, sole mío, la trampa montada en Roma se cerró sobre el ratón. Vanunu fue secuestrado, drogado y mandado a Israel dentro de un cajón. Tras pasar 18 años en la cárcel, la mayoría en una celda de aislamiento, Vanunu todavía no se cree que Cindy fuera una agente del Mossad.

El poder del sexo

Las mujeres seductoras han sido el instrumento principal del espionaje durante miles de años. Pero hubo que esperar a la Guerra Fría y que apareciese un genio de la profesión como Marcus Wolf, para que los hombres desempeñaran el mismo papel.

Marcus Wolf, un nombre mítico que inspiró a John Le Carré su personaje Karla, era el jefe del espionaje de Alemania del Este. Dice en sus memorias que “si paso a la Historia será por haber perfeccionado el uso del sexo para espiar”. Él se dio cuenta de que, tras la guerra, en las dos Alemanias sobraban mujeres y faltaban hombres, debido a la mortandad en los frentes. No servían de mucho las mujeres fáciles, de lo que había demanda era de hombres. Así se planeó el Programa Romeo.

Durante años, Wolf mandó a la Ale mania capitalista agentes atractivos que seducían a secretarias de organismos ofi ciales. Además, todo espía del Este con cualquier misión tenía la consigna suplementaria de ligarse a funcionarias occidentales.

Wolf creaba escenarios dignos de una película de Hitchcock. A veces empleaba a actores profesionales, como Roland Gandt, que convenció a una intérprete de la OTAN seducida por él de que espiase ¡para Dinamarca! Como la chica Aletenía escrúpulos de conciencia, la llevó a la iglesia de una aldea danesa, donde un “capellán castrense danés” le dio la absolución.

A una secretaria del canciller germano Helmuth Smith, que estaba dispuesta a todo siempre que se casase con ella el espía, le organizó una auténtica boda civil en Berlín Este, con todas las formalidades y ceremonias. Sólo que tras la boda fue destruida el acta matrimonial.

A veces era la realidad la que imitaba el cine. El caso de la película de Willy Wilder Un, dos, tres, donde la hija de un millonario de la Coca-Cola se enamora de un proletario de Berlín Este y va soltando consignas comunistas sin saber lo que dice, le ocurrió a Gaby Gast, niña de familia bien y encima militante democristiana, que en un viaje a Alemania Oriental se enamoró de un obrero.

El obrero era en realidad un agente Romeo. La niña bien fue colocada por su papá en el BND (servicio secreto de Alemania Occidental), donde llegaría a directora adjunta del departamento encargado del bloque soviético. Hasta que se hundió el Muro de Berlín y desapareció la República Democrática Alemana, Gaby, el topo perfecto, le estuvo pasando información vital a su Romeo.

“…ya veras que guapa es nuestra secretaria…guapa guapa”

Extraido de: http://www.tiempodehoy.com/cultura/historia/el-arma-de-los-espias

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